Un estudio en ratones y humanos afirma que el suplemento de una bacteria podría mejorar la fertilidad femenina

Una investigación publicada en la revista Cell Host & Microbe ha analizado muestras endometriales de 149 mujeres de entre 20 y 45 años que estaban en tratamiento por infertilidad. Las pacientes más jóvenes presentaban una abundancia significativamente mayor de una bacteria beneficiosa llamada Lactobacillus gasseri, cuya presencia disminuía con la edad. Además, las embarazadas presentaban una mayor abundancia de estas bacterias en el endometrio. En modelos con ratones, los animales de mayor edad presentaron tasas de implantación embrionaria más elevadas cuando fueron tratados con derivados de L. gasseri. A pesar de estos indicios, los autores recalcan que hace falta más investigación y advierte a las mujeres contra la automedicación con productos de L. gasseri de venta libre, cuya eficacia para tratar la infertilidad no ha sido validada. 

Reacciones

Guillermo Antiñolo - bacterias fertilidad

Guillermo Antiñolo Gil

Catedrático de Obstetricia y Ginecología en la Universidad de Sevilla y jefe de Servicio en la Unidad de Medicina Materno-Fetal, Genética y Reproducción del Hospital Universitario Virgen del Rocío (Sevilla)
Science Media Centre España

La nota de prensa es razonablemente fiel al contenido del estudio, aunque su título —"los suplementos bacterianos podrían mejorar la fertilidad femenina"— simplifica en exceso un trabajo que es fundamentalmente preclínico y observacional. La palabra "suplementos" puede inducir a las pacientes a automedicarse con probióticos de L. gasseri disponibles comercialmente, algo que los propios autores desaconsejan de forma explícita en el texto del artículo pero que el titular no transmite con la misma cautela. 

Desde el punto de vista metodológico, el estudio es sólido y ambicioso en su diseño multinivel: combina una cohorte clínica de 149 mujeres infértiles con cribado funcional de cepas, modelos celulares de senescencia inducida por D-galactosa, modelos murinos de edad reproductiva avanzada y, de forma notable, perturbación genética bidireccional —deleción del gen de síntesis de exopolisacáridos (EPS) en la bacteria y silenciamiento de Yap1 en el útero murino mediante AAV9—. Esta estrategia refuerza la cadena causal propuesta: L. gasseri → EPS → modulación de la vía Hippo-YAP → mejora de la receptividad endometrial. La publicación en Cell Host & Microbe, una revista de primer nivel en el ámbito de la interacción huésped-microorganismo, avala la calidad del trabajo. 

No obstante, hay limitaciones importantes que conviene subrayar. La cohorte humana es unicéntrica (Peking University Third Hospital), las muestras endometriales son de baja biomasa —con riesgo inherente de contaminación pese a los controles de descontaminación aplicados— y el diseño es transversal con seguimiento, no intervencionista. Las tasas de embarazo clínico no difirieron significativamente entre grupos de edad, lo que los autores reconocen que puede reflejar falta de potencia estadística y el efecto igualador de la selección embrionaria en FIV (fecundación in vitro). Es decir, la asociación entre abundancia de Lactobacillus endometrial y resultado reproductivo, aunque consistente en la dirección esperada, no alcanza significación estadística en todas las comparaciones. 

El principal factor de confusión no resuelto es el hormonal. La composición del microbioma del tracto reproductivo depende estrechamente de los niveles de estrógenos, que precisamente declinan con la edad reproductiva. Los autores lo reconocen en la discusión, pero el modelo murino SPF (libre de patógenos específicos) no permite separar completamente la contribución hormonal de la microbiana. Tampoco se ha demostrado que los EPS administrados por vía intravaginal alcancen de forma eficaz el endometrio in vivo. 

Este trabajo encaja bien con la evidencia creciente sobre el papel del microbioma endometrial en la reproducción, pero conviene recordar que un ensayo clínico multicéntrico reciente publicado en Nature Communications (Haahr et al., 2025, referencia 23 del propio artículo) no logró demostrar mejora en los resultados de FIV tras tratamiento dirigido al microbioma vaginal. Estamos, por tanto, ante una línea de investigación prometedora pero todavía en fase preclínica. La distancia entre un exopolisacárido que atenúa la senescencia endometrial en ratones de 11 meses y un tratamiento posbiótico validado para mujeres con edad materna avanzada es considerable. La implicación clínica más inmediata no es terapéutica sino conceptual: refuerza la idea de que el envejecimiento uterino es un factor independiente del ovárico en el fracaso reproductivo, y que el endometrio merece atención específica en la estrategia de tratamiento de fertilidad.

Conflicto de intereses: "Soy fundador de Foresight, una empresa de medicina personalizada y genómica prenatal. Este conflicto no guarda relación directa con el contenido del estudio valorado". 

ES

Rocío Núñez - bacterias fertilidad

Rocío Núñez Calonge

Directora científica del Grupo UR Internacional y coordinadora del Grupo de Ética de la Sociedad Española de Fertilidad

Science Media Centre España

Este estudio aporta una perspectiva novedosa sobre el envejecimiento reproductivo al centrarse en el papel del endometrio y de su microbiota, un aspecto mucho menos estudiado que el envejecimiento ovárico. Los autores muestran que la abundancia de Lactobacillus gasseri disminuye con la edad y que una mayor presencia de bacterias del género Lactobacillus se asocia con mejores resultados tras la transferencia embrionaria. Además, mediante estudios en cultivos celulares y modelos animales, identifican un posible mecanismo biológico por el que los posbióticos derivados de L. gasseri podrían mejorar la receptividad endometrial. 

Se trata de un trabajo de buena calidad metodológica, ya que combina observaciones clínicas con estudios funcionales que ayudan a comprender los mecanismos implicados. Los resultados son coherentes con la creciente evidencia que sugiere que la microbiota endometrial puede influir en la implantación embrionaria y amplían el conocimiento sobre el posible papel del endometrio en el envejecimiento reproductivo. Sin embargo, es importante señalar que la parte clínica del estudio demuestra una asociación entre la composición de la microbiota y los resultados reproductivos, pero no permite establecer una relación causal. Además, aunque los autores utilizan diferentes aproximaciones experimentales para reforzar sus conclusiones, los efectos beneficiosos de los posbióticos se han demostrado principalmente en modelos animales, por lo que todavía no pueden extrapolarse directamente a la práctica clínica. 

Otra limitación relevante es que el estudio incluye un número relativamente reducido de pacientes, todas ellas en tratamiento por infertilidad, lo que puede limitar la generalización de los resultados. Asimismo, el envejecimiento reproductivo es un proceso complejo y multifactorial en el que intervienen numerosos factores biológicos, por lo que la microbiota endometrial probablemente representa solo una parte del proceso. 

En conjunto, este trabajo constituye una aportación importante para comprender mejor los cambios que experimenta el endometrio con la edad y abre una línea de investigación muy prometedora sobre el posible uso de posbióticos para mejorar la receptividad endometrial. No obstante, antes de considerar cualquier aplicación clínica serán necesarios estudios prospectivos y ensayos clínicos que confirmen tanto la eficacia como la seguridad de estas intervenciones en mujeres.

No declara conflicto de interés
ES
Publicaciones
Lactobacillus gasseri postbiotics ameliorate agerelated decline in endometrial receptivity
    • Artículo de investigación
    • Revisado por pares
    • Animales
    • Humanos
Revista
Cell Host & Microbe
Autores

Li et al.

Tipo de estudio:
  • Artículo de investigación
  • Revisado por pares
  • Animales
  • Humanos
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